de este universo reducido,
de esta maraña de piernas y pies.
El aire embriagador,
tus besos drogadictos, tus manos salvadoras.
Me gustas siendo bárbaro, arrancándome mi dentro,
construyendo esta cárcel,
de polvos inconcretos e imprecisos,
de orgasmos que no son fingidos,
de placer.
Pero nunca de amor.
Había tenido estos versos escritos en mi mente desde que comenzó la semana. No por ti, ni por nadie en especial, sino por aquel conjunto de todo un poco al que yo me aferraba. Porque ya no sé si me importas, o me importaron otros tantos. Ya no sé si quiero, o si alguna vez lo hice. Pero al menos, sé que algo de ti, o de vosotros, anda por aquí.

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