El ser humano no es sólo una eterna cuestión sobre la metafísica, trasciende más allá. Somos un compuesto químico construido por vivencias, por errores y experiencias. El curso de la vida ha de ser un proceso que traspase las fronteras de la rutina, porque nacemos y morimos de una manera insignificante, y porque sólo unos cuantos van a llegar a quedarse después de este hábito.
Comprendo que la humanidad se divide en gilipollas y locos, y todos los locos pueden ser (y lo serán muchas veces) unos completos gilipollas, pero hay pocos gilipollas que consigan ser locos. La locura, como todo, es algo innato y, simultáneamente, algo que se adquiere. Y tomar conciencia acerca de esta propiedad, suele ser una síntesis de lo que el sujeto toma de aquello que la naturaleza da, situando a esta última como una adecuación al pensamiento del primero.
Creo que es la enésima vez que he borrado la mayor parte de este blog para intentar comenzar de nuevo. Soy nefasta emprendiendo proyectos, porque siempre los abandono. Y abandonadas están mis ganas, mi inspiración, mi empuje. Uno de estos días voy a encontrarme, a estabilizar mi ritmo. Pero eso supondrá haber dejado la superficie especial, y no es algo que vaya a gustarme.
Bienvenido (de nuevo).