viernes, 28 de junio de 2013

Olernos ni manosearnos.

La felicidad es el estado más subjetivo existente. Probablemente, mi felicidad ahora se reduce a un gintonic en compañía buena, un par de tercios y unas conversaciones acerca de lo putísima que es la vida. No hay nada que vaya a dolerme más, que perderte poco a poco. No se trata de semanas, tal vez sean meses (ojalá, y años). Fuimos muy felices robándonos besos y caricias, y rompiendo todos los controles morales que venía la sociedad a imponernos. Que qué más da si son dos décadas o unos días,  lo importante de nuestros días va a ser que nos amemos en la distancia. Que saciemos las ganas en encuentros sonados, que pensemos mutuamente el uno en el otro, mientras yo me rodeo de gente nueva y tú sigues con los de siempre. Me resucitan tus palabras más que nada en este mundo.
Y fíjate que la felicidad va a volverse subjetiva, que necesitamos de unas cuantas copas (muchas) para perder la vergüenza antes que el conocimiento. Vergüenza. Ni tenemos ni la conocemos.
Estos mensajes tuyos tras una semana rara de cojones que me hacen comprender que lo mismo te echo de menos que antes te echaba de más.
Sí, bueno, esto es de Kiko Veneno. El veneno está en la dosis, decías. Pero eso tampoco era tuyo.

12/52

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