domingo, 29 de septiembre de 2013

So cretino, me tiemblan los pies a su lado.


Creíame acabada a vuestros ojos de asesinos sociales en la perfección instalados. Pensábame atemorizada, refugiada en el caparazón que se me impuso por tortuga pecadora, impía y malhechora. Y encontrome la vida a las puertas del paraíso, habiendo un minotauro que me refutaba de la elección. 
Primitivamente hallábame en una espiral más oscura que las cuevas ancestrales que veían nacer al ser monstruoso al que agora llamamos homo. Aquende me reflejo en cristales que transparentan nuestras almas, y hogaño ya no teme mi dominio corpóreo. 

Para puta la existencia, no la mujer. 
Mi lengua la tengo muy larga, y no gasto las faldas cortas pero si las bragas negras. 
A mis días los enfrento con la pistola que dispara palabras, que no quisisteis escuchar por ser ciertas. 
Y las mentiras, son más necesarias que el mismo aire. 
Si respiramos contaminación de vuestra obsoleta insistencia por acallarnos, y resultó que la inferioridad que arrastráis es más grande que los palacios versallescos. 
Ahora veníamos a corregir lo que entendíamos por errado, y queremos dar lecciones de supervivencia. 
Mis principios que no me los cambien. 
No soy como se esperaba, pero es que yo no tengo la expectación nacida en vuestro vano paso por el mundano universo. 

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