Creo que nadie ha parado a pensar en la belleza de no poder caminar por haberte quedado sin pies tras haber estado bailando toda la noche. Tampoco paramos a pensar en que tu vestido, qué también has destrozado, fue lo más bonito del mundo. Y que esos enfados y esas promesas, esas son de las que se clavan por mucha cerveza que lleves en el estómago. Estómago que a las seis de la mañana hace que te sientes en un parque con cuatro de las mejores personas del mundo a comerte un bocadillo de pavo mientras reflexionas sobre todo lo que hemos vivido (y mientras piensas que has perdido las llaves y no sabes ni dónde ni cómo entrar a casa). Nada hay mejor que esa alegría de un "APTO", porque ahora eres universitaria.
Creo que nadie ha parado a pensar en la belleza de las graduaciones.
Creo que nadie ha parado a pensar en la belleza de la vida.
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